CLARO QUE PASAMOS POR HOLLYWOOD, HOMBRE

Uno no puede ni pensar en darse un garbeo por Los Angeles sin pasar por la tierra de los sueños, por el lugar donde la ilusión se hace realidad, la morada de quienes hacen tangible la fantasía. Y no, no me estoy refiriendo al cupón de la ONCE, sino a HOLLYWOOD.
Seguro que nadie repara en ello, pero Hollywood significa "bosque de acebos" (no confundir con bosque de Acebes, que vendría a ser así como una miríada de Acebes, todos juntos). A principios de siglo, Hollywood era un páramo cualquiera en la periferia de Los Angeles, donde pusieron su pié los Wilcox, una pareja de puritanos. A falta de algo mejor que hacer, los estudios comenzaron a trasladarse allí desde Chicago, buscando el sol de California, y, ala, a filmar, que son dos días.
Hollywood es denostado, zaherido y vilipendiado por los muy exquisitos cineastas europeos. La razón, naturalmente, es que mientras la fábrica de sueños californiana arrastra masas de gente a las salas de proyección, las películas de esos gourmets del séptimo arte no arrastran ni a sus parientes en primer grado, con lo que, pobrecitos, no les queda otra que vivir de las subvenciones que le regalan sus amiguetes del Ministerio, a costa de tus impuestos. Claro que su apostasía dura hasta que les cae una nominación de la Academia, momento en el cual, perdido por completo el control de sus esfínteres, sufren una súbita conversión, se pillan en mundoviajes.com un billete barato y se plantan, piernas temblequeantes por medio, sobre la alfombra roja.
Quienes amamos la fábrica de sueños que el cine puede ser contamos con Hollywood para hacer realidad ante nuestros ojos las más increíbles fantasías. Pero si lo que te gusta es el cutrerío pretencioso, soporífero y pedante la oferta es aun mucho mayor. Date una vueltecita por uno de los festivales de cine europeos y échale un vistazo a la película moldava sobre la caída de la hoja en otoño que ha ganado el (inevitable) gran premio de la crítica. Y ya verás, ya: igualito que tomarte un valium con colacao antes de irte a la cama. Un abono de una semana y adios al insomnio para siempre.
Dicho lo cual, os dejamos con la no por tópica menos emblemática fotillo con el mítico letrero al fondo (mejor ponedle un poquillo de zoom...)

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