Wednesday, February 21, 2007

LA CABRA TIRA AL MONTE (II)

















Su abrumadora victoria en el certamen de vídeo del año hacía poco menos que inevitable la continuación de la saga de ejercicios de sinceridad de Pablicio en torno a los propósitos reales de su periplo americano.

Considerando las elevadas dosis de fatiga inducidas por el viaje hasta Los Angeles, la premura de Pablicio en abandonar el hotel a primeras horas de la mañana siguiente despertó de inmediato la suspicacia de Deep. Y, como constata el vídeo de hoy, sus sospechas estaban bien fundadas. No era sentir el latido de la megalópolis o percibir el espíritu de sus gentes lo que el héroe de Chantada anhelaba de modo tan apremiante, no. Su meta inmediata, ya percibida fugazmente en el traslado desde el aeropuerto merced a su especial predisposición, resultaba menos profunda y poética, pero infinitamente más reveladora de sus propósitos en la epopeya.

http://www.youtube.com/watch?v=xKMx5Re-LYo

Pero, cuidado, no eran éstos, en esta ocasión, como mentes pútridas y mezquinas pudieran pensar, los de sumergirse en el lodazal de corrupción e indecencia que tenía ante sí. Por el contrario, nuestro ídolo se presentía capaz de rescatar de allí a los ángeles caídos que, desprovistos de su fuerza de espíritu y pureza de corazón, se despeñaban fatalmente hacia su perdición. Y allá se dirigió , en aras a ello, con admirable desprecio del ilimitado disgusto y repulsión que la situación le inspiraba.

Y, sin embargo, una hora después todo había terminado. Pablicio salia solo¡¡. Por increíble que resultara, había fracasado. No te derrumbres, héroe¡¡¡. Otros necesitan del auxilio de tu coraje moral para huir de la perdición. Y sé que era ese el pensamiento que explicaba la extraña sonrisa con la que abandonaste aquel santuario del pecado, bien pertrechado de pruebas tangibles de su maldad, no obstante no haber triunfado en tu empeño..

Tuesday, February 06, 2007

PABLICIO SE ENAMORÓ EN SAN FRANCISCO

















Por más que desafíe la imaginación, hasta el corrompido corazón de Pablicio cobija nobles sentimientos. Los siete pecados capitales (y, al menos, otros tantos de menor fuste, pero no más escasa enjundia) conviven en él con emociones e impulsos de difícil sospecha en la negra alma del energúmeno de Chantada. Hasta el amor (sí, sí, el amor) halla en su espíritu una escueta hoquedad donde guarecerse de las inconfesables pulsiones que bullen a su alrededor.

Prueba incontestable de ello es que incluso el periplo americano contuvo un instante en que los ojos del astro de Las Vegas brillaron con la incomparable chispa que los dioses regalan a los ungidos por su dedo: la chispa del amor súbito, arrebatado, cegador. La que inflamó su alma tras la mera visión de quien, supo con certeza, habría de compartir su vida hasta el fin. La delicadeza de sus ademanes, la finura de sus movimientos, la gracia de sus formas sumió a Pablicio en ese estado de dulce embotamiento que los poetas pugnan desde hace milenios por apresar en sus versos.

La secuencia de hoy recoge la fugaz irrupción de quien, desde ese mismo instante, fue para Pablicio anhelo y deseo inalcanzable. Del, a sus ojos, eterno femenino hecho forma tangible. Una fuente de perdición y extravío que sólo su más fiel aliado, el éter, pudo finalmente cegar.


http://www.youtube.com/watch?v=IC55L6Z7Nx0